Bebo de mi vino, como un trozo de pan, Jesús tenía razón es una buena
combinación, solo en un cuarto prendo un cigarrillo y saco la mitad del cuerpo
por la ventana, miro hacia todas las direcciones pero me quedo en el
firmamento, observo el cielo y recuerdo todo el odio que existe en este lugar,
me recuesto y espero dentro de mi caja de la fina a que llegue el momento
adecuado para soltar todo el odio de la humanidad sobre ti, puta culea, te
espero muerto y no tan muerto. Acércate, ven, acércate, zorra, deja probar tus
labios, por los que alguna vez pretendí dar mi vida, que idiota. Acércate a mi
lado, quiero tus nauseabundos olores, esos por los que los hombres caen a tus
pies como moscas a la mierda.
Mis dedos acarician y castigan tu cabello sedoso, beso tu cuello y
tanteo tu sexo, sigue igual como lo recordaba, frondoso y eróticamente
corrosivo, tus senos crujientes de melancolía caben en la palma de mi mano,
amaso aquellos pequeños pero deseados pechos, te bajas el hombro de la blusa,
te saco el sostén como puedo y toco nuevamente esas hermosas y delicadas tetas
que con vergüenza me dejas probar. un beso apasionado y lúgubre acompaña
nuestra pasión, beso tu cuello y lo rozo con la lengua, provocando escalofríos en
tu cuerpo , continuo en tus pechos y ataco tus pequeños pezones rozados y muy
delicados, los beso y los chupo los cuales se endurecen y los muerdo con un
pequeño toque de crueldad, mientas mi mente se propone adentrarse a tu vagina,
la cual me llama con ese olor que repugna a los débiles y que a mí me
fortalece, estoy cerca de tu ombligo y llegando a tu pubis, te desabrocho el
pantalón, con el cual realzas tus fuertes caderas y ese delicado pero
majestuoso trasero el cual sostengo con ambas manos mientas nos besamos y lo
palpo de forma enfermiza, de inmediato aparece un calzón casi transparente, muy
ajustado a tu cuerpecito el cual expele el colosal olor que me guía a tu
entrepierna. Quiero masajear ese pubis tan exquisito tuyo, acariciar con mis
dedos tu vulva, sentir como se humedece de apoco tu vagina y humedeces mis
dedos y mi mano, te abro las piernas con locura y lujuria te saboreo hasta
asquearme de ti, introduzco mi lengua dentro de tu vagina mientras mi mano
corretea por todo tu cuerpo, beso tus labios y penetro con mis dedos tu
preciosa vagina, los exóticos y pintorescos jugos bañan mi cara demacrada por
tal espectáculo. Emerge un hedor casi
nauseabundo y tan hermoso a la vez, que mi pene empieza a empalmarse, te
comienzas a mover pélvicamente como si mis dedos fueran bailarines y tu vagina fuese
una pista de baile.
Comienzas a mirarme fijamente, perversa, deseosa y lujuriosa, busco tu
boca, te beso, mientas jalo de tus cabellos, un pequeño gemido me avisa que te
dolió, qué más da, tendrás que soportarlo, te beso y me besas con rabia y odio,
solo quiero hacerte el amor más esquizofrénico que jamás te han hecho, maldita
sea la puta que te pario, pierdo los estribos y te corro el calzón, te vuelvo a
besar, cojo mi pene erecto y te penetro, sostengo tus caderas y con un
movimiento pendular muy firme consigo sacarte gemidos desgarradores, agarro tu
cara y te vuelvo a besar, beso tus pechos, mi pene se adentra cada vez más duro
y a un ritmo muy acelerado dentro de ti, me miras y me besas, tu calzón molesta
mi labor y con un toque de maldad los rompo hiriendo y dejando enrojecido tu
muslo izquierdo, me miras y te montas a mi falo, comienzas a mover la cadera
hacia delante y hacia atrás, mientras yo oprimo tu estomago con mi mano, la
agresividad sexual se apodera de tu sique y no puedes parar de mover ese cuerpo
y de disfrutar de mi verga dentro de ti, gimes y gimes, de vez en cuando
suspiras con placer y te agarras el cabello. Nuestros cuerpos sudados saltan de
ruido. Te hago a un lado y te beso nuevamente, te vuelvo a penetrar sosteniendo
tu cabello con todo el odio que puedo expresar, me miras, siento una mezcla de
sensaciones en tu mirada, dolor y placer afloran desde ti, me excito aún más y
aplico mayor fuerza a las estocadas, besos y jalones de cabello, de pronto me
jalas del cabello y comienzas a golpearme mientras gozas con mi pene dentro de
tu vagina, los golpes son fuertes y dolorosos, los resisto y respondo con
cachetadas, te muerdo los pezones y tú me rompes un labio de un mordisco, no
tienes impunidad de cómo te montas en mi verga y lo haces de formas agresivas y
majestuosas, yo sobo tus muslos y trasero, te acaricio los senos y te abofeteo
hasta hacerte gemir como puta, deslizo mi mano a tu trasero lo palpo e
introduzco un dedo dentro de tu ano, tú te espantas y más te mueves hacia
delante y atrás, excitada y sin poder más te dejas caer al abismo de la
grosería y erotismo, siento como tu vagina mastica y rompe mi pene. Le saco el
pulgar del ano y la beso con ternura, quiero disfrutar de tu cuerpo, tus
olores, sabores por un largo rato, tú te niegas y me fuerzas a penetrarte como
si de eso dependiera tu vida, te aferras a mi como si fuera un árbol, te
penetro y lo hago frenético y salvaje, cada vez más arcaico y violento, te
sostengo del cuello rozo mi pene erecto contra tu vagina, jugueteando con tu
vagina y deseoso de partirte toda la vulva burbujeante de sexo y jugos, te
agarro con rabia te volteo y te sostengo por la nuca, tu levantas la cadera y
afloran nuevamente esos deseos salvajes por destruirte, aplastarte como la
cucaracha que eres, te muerdo las nalgas y te masturbo con tanto coraje que
puedo tocar todo tu interior, siento huesos y órganos, tu humedad se transforma
en charcos de manantial que dan al ambiente un toque de suciedad y erotismo
jamás nunca probado por nosotros. Vuelvo a penetrarte, te sostengo de las tetas
mientras lo único que veo de ti es tu nuca y tu glorioso trasero pidiendo más
pinga, vuelvo a introducir un dedo en tu ano, volteas la cara y me miras con
cara de placer y tristeza, esos ojos perturbados por el erotismo hacen que mis
estocadas a tú vagina sean mortales y llenas de agresividad, tus gemidos son
alaridos gregorianos y empapados de placer, moviendo tu cuerpo me dices que
quieres más, muerdes mi brazo, te transformas en una abominación sexual en la
cama pidiendo sexo con represión, observo tu vagina y pareciese que me hablara,
tu cuerpo se contornea eróticamente recostada en la cama, el sudor te hace
brillar, te sobo la vagina nuevamente y la escupo en señal de respeto y
admiración.
Nuestra desenfrenada confrontación en una guerra entre tu vagina y mi
pene, nos golpeamos, sangramos y sollozamos, todo esto mezclado con un erotismo
abrumante y desgarrador, forcejeamos, nos lastimamos con rasguños y besos,
nuestros cuerpos mordidos y golpeados piden clemencia, nuestros sexos comandan
la batalla ni la mente puede controlar el deseo de destruir al otro y cometer
cada vez más atrocidades a favor de la lujuria que desbordamos por nuestros poros.
Cansados y desganados caemos en un abismo sepulcral. De nuestros cuerpos solo
quedan nuestras osamentas las cuales se funden para unirnos de por vida en mi
ataúd. Nos desangramos uno encima del otro silenciando todo con un beso el cual
sería el último, nuestros corazones explotan y la sangre desborda nuestras
arterias hinchándolas y provocando una explosión, nos ahogamos en sangre y
vomitamos la lujuria que nos carcomía desde lo más adentro de nuestros cuerpos
infectados por el placer.